La obesidad se clasifica en función del porcentaje graso corporal o del índice de masa corporal (IMC). Cuando el porcentaje está por encima del 25% en los varones y del 33% en las mujeres, podemos catalogar a estas personas como obesas.
La OMS ha propuesto una clasificación del grado de obesidad:
Obesidad androide o central o abdominal (en forma de manzana): el exceso de grasa se localiza preferentemente en la cara, el tórax y el abdomen. Se asocia a un mayor riesgo de dislipemia, diabetes, enfermedad cardiovascular y de mortalidad en general.
Obesidad ginoide o periférica (en forma de pera): la grasa se acumula básicamente en la cadera y en los muslos. Este tipo de distribución se relaciona principalmente con problemas de retorno venoso en las extremidades inferiores (varices) y con artrosis de rodilla (genoartrosis).
Obesidad de distribución homogénea: es aquella en la que el exceso de grasa no predomina en ninguna zona del cuerpo.
Obesidad genéticas: Prácticamente todas las obesidades que nos encontremos tendrán en mayor o menor grado un condicionamiento genético. La obesidad por herencia genética es una de las más comunes.
Obesidad dietética: Se debe al abuso de alimentos tremendamente energéticos, como la comida rápida, unido a un estilo de vida sedentario.
Obesidad debida al desajuste del sistema de control del peso corporal: Es la obesidad más común, es debido a un fallo en el ajuste de la saciedad, con lo que nunca estamos satisfechos y necesitamos ingerir más alimentos. Por otro lado el organismo lucha por mantener un peso, de manera errónea, muy elevado por que considera que es un peso normal.
Obesidad por defecto termogénico: En este tipo de obesidad el organismo no quema el exceso de alimento fácilmente. No es un tipo de obesidad muy frecuente.
Obesidad de tipo nervioso: Esta obesidad es producida por enfermedades del tipo nervioso como depresión, hipoactividad, alteraciones psicológicas, etc. Produce un desorden del sistema nervioso central alterando los mecanismos de saciedad o los termorreguladores.
Obesidad por enfermedades endocrinas: Este tipo de obesidad es muy poco frecuente y es generada por enfermedades endocrinas, como por ejemplo el hipotiroidismo (déficit de producción de hormona tiroidea), el hiperinsulinismo (exceso de producción de insulina) o hipercorticismo (exceso de secreción de glucocorticoides).
Obesidad por medicamentos: Este tipo de obesidad se produce cuando al paciente le administran un tratamiento con fármacos como los corticoides, antidepresivos y los antituberculosos que inducen al acumulo de grasas.
Obesidad cromosómica: Este tipo de obesidad es asociada a defectos cromosómicos como en el Síndrome de Down y en el Síndrome de Turner.
Obesidad hiperplásica: Se caracteriza por al aumento del número de células adiposas.
Obesidad hipertrófica: Aumento del volumen de los adipocitos.
Obesidad primaria: En función de los aspectos etiológicos la obesidad primaria representa un desequilibrio entre la ingestión de alimentos y el gasto energético.
Obesidad secundaria: En función de los aspectos etiológicos la obesidad secundaria se deriva como consecuencia de determinadas enfermedades que provocan un aumento de la grasa corporal.